La web como ventana de la historia


El fotógrafo ruso Sergey Larenkov se propuso hace un tiempo realizar una tarea compleja, intentó retratar en una serie de imágenes el paso del tiempo que separa la Europa de la Segunda Guerra Mundial hasta la actualidad.

Utilizó una técnica simple y contundente, fotografió los mismos lugares de los que poseía archivo visual y básicamente manchó de historia su nueva producción. Abrió un portal hacia el pasado bélico de Europa que sorprende por su naturalidad. Mezcló hambre, prosperidad, desesperación y cultura en una serie de imágenes imperdibles.


El Mariscal Georgi Konstantínovich Zhúkov bajando las escaleras del Reichstag


El trabajo realizado por Sergey Larenkov me hizo recordar otros desarrollos similares en cuanto a la temática pero diferentes en el tipo de presentación.

Cumplidos 20 años de la caída del muro de Berlín, la gente del New York Times había realizado una excelente forma de jugar con los escenarios del pasado y del presente Alemán.




Este año, y a partir del bicentenario argentino, desde el proyecto Tu Bicentenario nos propusimos geolocalizar el paso del tiempo retratando en video la historia de lugares emblemáticos de la Argentina. Aquí el ejemplo del Obelisco.


Obelisco (Buenos Aires) from Tu Bicentenario on Vimeo.





Y finalmente, también conmemorando el bicentenario argentino, la gente de LaNación produjo este excelente especial multimedia que contiene en el apartado "Una ventana al pasado" un barrido al estilo "persiana" entre fotos antiguas y actuales.






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La historia de Sergey Larenkov la encontré en Perogrullo





Música en Segundo Plano (29)

Posted by Alvaro Liuzzi | Etiquetas:


Porque como dice Jorge Drexler, nada se pierde; todo se transforma.






Tu beso se hizo calor,
Luego el calor, movimiento,
Luego gota de sudor
Que se hizo vapor, luego viento
Que en un rincón de la rioja
Movió el aspa de un molino
Mientras se pisaba el vino
Que bebió tu boca roja.

Tu boca roja en la mía,
La copa que gira en mi mano,
Y mientras el vino caía
Supe que de algún lejano
Rincón de otra galaxia,
El amor que me darías,
Transformado, volvería
Un día a darte las gracias.

Cada uno da lo que recibe
Y luego recibe lo que da,
Nada es más simple,
No hay otra norma:
Nada se pierde,
Todo se transforma.

El vino que pagué yo,
Con aquel euro italiano
Que había estado en un vagón
Antes de estar en mi mano,
Y antes de eso en torino,
Y antes de torino, en prato,
Donde hicieron mi zapato
Sobre el que caería el vino.

Zapato que en unas horas
Buscaré bajo tu cama
Con las luces de la aurora,
Junto a tus sandalias planas
Que compraste aquella vez
En salvador de bahía,
Donde a otro diste el amor
Que hoy yo te devolvería

Cada uno da lo que recibe
Y luego recibe lo que da,
Nada es más simple,
No hay otra norma:

Nada se pierde,

Todo se transforma.